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Cuidados generales

El cáncer es una de las enfermedades crónicas no transmisibles que más muertes provoca al año en el mundo. Sin embargo, al menos un tercio de los tipos de cáncer se pueden prevenir al adoptar estilos de vida saludables.

Existen también métodos de tamizajes para hacer una detección temprana de la enfermedad en los cánceres de mama, cérvix y colon, que están al alcance de toda la población, garantizados por los efectores públicos del Ministerio de Salud de la provincia.

Hay entonces, muchas cosas que podemos hacer para reducir el riesgo de cáncer que se relacionan con mantener hábitos saludables.

Alimentación y actividad física

Mantener un peso corporal saludable: realizar actividad física regular y una dieta sana, variada y equilibrada es importante para la prevención del cáncer. Los potenciales mecanismos que generan cáncer asociados a la obesidad están relacionados con anormalidades metabólicas y hormonales, por lo que la ausencia de grasa corporal disminuye el riesgo de cáncer en hombres y mujeres.

Tabaco y Alcohol

El consumo de tabaco es el factor de riesgo evitable que provoca más muertes por cáncer en el mundo. Además es la causa de alrededor del 70% de los casos de cáncer de pulmón a nivel mundial.

El tabaco en todas sus variantes y en cualquier cantidad es nocivo para la salud y adictivo, contiene sustancias tóxicas que dañan el ADN y pueden causar cáncer. El humo de tabaco contiene alrededor de 250 sustancias químicas que causan daño a la salud tanto para los fumadores como para las personas expuestas al humo de tabaco ambiental.

A su vez, existe una clara asociación entre el consumo regular o alto de alcohol y el desarrollo de distintos tipos de cáncer. El riesgo de cáncer aumenta según la cantidad de alcohol consumida, porque el consumo de alcohol disminuye la capacidad del cuerpo para absorber nutrientes que pueden disminuir el riesgo de cáncer

Cuidados del sol

Evitar la exposición solar directa de 10 a 16 horas, usar protector solar y renovarlo cada dos horas, además: protegerse del sol usando gorras y anteojos. Recordar que los bebés no deben exponerse al sol hasta cumplir un año. Por último, prestar atención a los cambios en la piel y visitar al dermatólogo una vez al año.