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Muestra de “Arte Colonial”

El jueves 22 de noviembre de 2012 se inauguró la muestra “Arte Colonial”, que reúne piezas del siglo XVIII, entre pinturas, platería, imaginería y mobiliario.

La muestra incluyó, entre lo más destacado, un frontal de altar de un convento franciscano de Lima y tabernáculo de plata realizado para un iglesia de Puno –en el que celebrara misa el papa Juan Pablo II cuando visitó Rosario en 1987– y un retablo de madera del siglo XVIII del área surandina que constituyen acaso dos de los tesoros más importantes de la institución.

Arte colonial y rediseño institucional

Esta exhibición, que reconfigura la muestra permanente del Marc, propone no sólo mostrar las piezas imponentes que acopia la institución, sino que también es un rediseño del guión del museo con una propuesta novedosa, un relato distinto que intenta inaugurar nuevas lecturas en torno el nacimiento mismo de la colección y el museo.

Por primera vez, a 73 años de su fundación, el museo exhibe en su colección de Arte Colonial su propia historia. Es decir, la visión de la historia nacional con la que Julio Marc y Ángel Guido crearon la institución.

La identidad nacional fue el centro de los debates y enfrentamientos políticos de los intelectuales del país en las primeras décadas del siglo XX. El más notorio de los ensayos de esta construcción estético-ideológica es la que esbozara Ricardo Rojas en Eurindia (1924), donde “lo nacional” se define en un marco americano anterior a la Revolución de Mayo de 1810 que exalta el mestizaje hispano-indígena. En este contexto nació el MHP, por la voluntad de su mentor: Julio Marc, y su colección de Arte Colonial revela esas circunstancias.

La colección de Arte Colonial que gestara Ángel Guido se origina en ese análisis, antes incluso de la inauguración del museo en julio de 1939, materializando una concepción de la historia nacional que hizo confluir el pasado indígena y el hispánico. El nacimiento de esta colección se reivindicó “como fuente para la construcción de un arte nacional y moderno, que consolidara una estética americana”.

La invitación también fue a releer esa “construcción” de la que hablaba Guido.