La Cultura como distribución del afecto en el territorio

Vivimos en un mundo en que el propio cambio, la soledad y el desamor nos ponen en el riesgo de olvidar la importancia de los vínculos entre las personas y el afecto como enorme usina de elaboración de pasiones sociales. Pensar es también apasionarse. Un proyecto colectivo de cambio es siempre una pasión.

Por lo expuesto es tarea de la gestión cultural la promoción, organización y distribución del afecto social en el territorio, creando obras públicas, redes de voluntariado y eventos que instalen la utopía de la autoestima y del afecto, como una cultura apasionada, que salga al cruce de las asimetrías y las desigualdades.